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Made in Madrid: los barquilleros





"Al rico barquillo de canela para el nene y la nena; son coco y valen poco; son de menta y alimentan; de vainilla ¡qué maravilla! Y de limón, ¡qué ricos!, ¡qué ricos que son!".


Los barquilleros han sido personas claves en la tradición madrileña. Durante el siglo XIX y principios del XX deambulaban por la ciudad con sus frases de reclamo buscando atraer a las personas de la calle.


Los primeros barquillos se remontan al siglo IX. En un principio se vendían a las puertas de las iglesias y se elaboraban con hornos de carbón portátiles que se llevaban hasta allí pero con el paso del tiempo se comenzaron a elaborar en panaderías y obradores. Su elaboración consiste en una masa de trigo a la que se le añade azúcar o miel, chocolate o canela según la receta. Aunque son típicos de la ciudad de Madrid, es un postre que se puede encontrar también en Latinoamérica y Asia.


Con los años se convirtió en un trabajo dentro del mundo de la repostería: los barquilleros recorrían las calles con bombo y barquillera. Lo habitual era que se dirigiesen a lugares muy transitados como mercados y así aumentar las posibilidades de venta. Todas las barquilleros tenían una ruleta en la parte superior, el cliente podía tirar y probar suerte previo pago del barquillo, si participaban varias personas, el que sacase el menor número era el encargado de pagar los barquillos de todos.


En nuestros días se está perdiendo el oficio, pero aún sigue formando parte del imaginario de la ciudad y en fiestas como San Isidro aún es fácil verlos rememorando lo que fue este trabajo.

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